¿Racismo en la Mesa…? #Cuba

Por Félix Edmundo Díaz @feddefe*

Recuerdan que escribí que La Mala Palabra era para hacer más Revolución, no otra revolución ni una revolución dentro de la revolución, bueno, el asunto es que el tema de la Mesa Redonda del viernes, 20 de marzo de 2015, me puso a pensar cuánta discriminación puede subsistir en mi país, cuán grave es esta situación y otras preguntas afines, porque considero que un solo evento, tendencia o acción, aún cuando  el afectado (el uso del genérico no persigue discriminar a las féminas) sea un solo individuo debe ser objeto de nuestra atención.

Asimismo considero saludable que exista una Comisión José A. Aponte, que ocupe de investigar en los órdenes académicos y sociales el fenómeno de la discriminación por el color de la piel y, aclaro, me abstendré de emplear el término racismo porque, según las teorías más modernas sobre la evolución, este  en sí mismo racista, habida cuenta que todos somos de la misma raza y como se dice en Cuba: aquí el que no tiene de congo tiene de carabalí.

Me llamó la atención que se expusiera por unos de los miembros del panel que la percepción de la población, en su inmensa mayoría, es la de que en Cuba no hay discriminación por el color de la piel, entonces me pregunté ¿este es el problema más grave con el que tenemos que lidiar?

Más rápido de lo que me lo pregunté, me lo respondí: El enemigo más poderoso y hostil que ha conocido la humanidad que, casualmente es nuestro vecino del Norte, después de sostener una guerra sucia por más de 50 años contra nuestro pueblo, viene ahora a hacernos tortitas y algunos de por acá a corresponderles con las tortitas y, sin tener una línea clara de cómo abordar el tema, cuáles términos emplear y cómo vamos a educar o instrumentar la apropiación del nuevo conocimiento, nos decimos que se ha avanzado algo, pero que nos falta mucho todavía…

Con todo el respeto de los profesores, no me jodan, porque yo nací en el Cerro, soy de tez blanca (descendiente de gallegos y asturianos… sin pasaporte y sin caerle atrás a mis abuelos que EPD) y desde niño, adolescente, joven y adulto siempre he tenido excelentes relaciones con negros, mulatos, rubios, pecosos, capirros y sigan contando colores, relaciones de hermanos, de familia, sin que exista, en el orden biológico o genético, otro lazo común que no sea el del homínido  del cual provenimos.

Eso fue lo que me enseñaron mis padres, eso fue lo que formó en mí la Revolución a través del ejemplo personal de sus líderes y la escuela, ese es el respeto y sentimiento de igualdad que se sembró en nuestro pueblo, pero para asegurar que ese sentimiento perdurara y evitar que cualquier presuntuoso tratara de sentirse superior a sus semejantes y asumiera actitudes excluyentes, también se hizo la ley.

En el camino de la abolición de la discriminación por el color de la piel ya recorrimos un trecho inmenso, démosle mantenimiento y sintámonos orgullosos de lo que hemos logrado, sin edulcorar o permitir ofensas, combatiendo las desviaciones, pero convencidos de que el pueblo cubano sabe cuáles son sus raíces.

En otro orden, como mido 169 centímetros, les comento que me sentí discriminado hace cerca de 35 años cuando pidieron compañeros que medían más de 170 centímetros (y no era para modelos), asimismo se sintieron discriminados los zurdos (no ambidiestros) de mi aula que no pudieron clasificar para pilotear los Migs porque los mandos eran para derechos, o aquella muchachita de baja estatura, menos mal que hoy existe La Colmenita, que no pudo ser bailarina… siempre existen barreras (naturales, artificiales, conscientes o no), más la decisión no debe transitar por la persecución de fantasmas o terminarán diciendo que  la paloma blanca no debe ser el símbolo de la paz o que tenemos que buscarle otro significado a las franjas blancas de nuestra bandera…

Creer que vivimos en la isla Utopía es un error, pero el mismísimo Santo Tomás Moro se impresionaría de lo que ha sabido hacer este pueblo para sí y para el mundo en función de desterrar la discriminación por el color de la piel, de ahí que sería aconsejable que algunos se parasen y, en un ejercicio mental o en cualquiera de las conferencias internacionales (allende nuestros mares) en que participen, ‘miren desde afuera’ que les aseguro que ‘se ve mejor’.

Una recomendación a los panelistas (excluyo a Arleen Rodríguez Derivet no por discriminación, sino por el respeto mostrado en la conducción), cuando uno es tan sensible con los términos (claro está que no me refiero a mí) debe seleccionar mejor las palabras y evitar ‘sorprenderse’ porque la decisión del Vicepresidente primero de los consejos de Estado y de Ministros haya sido la de  personalmente darle seguimiento y reunirse mensualmente con los compañeros que, desde la Comisión José A. Aponte, trabajan en la solución de este asunto. Esa es la madera de nuestros dirigentes, ahí no hay sorpresas.

Si la pretensión era la de crear un observatorio les alerto que este pueblo al único que sigue es al del Instituto de Meteorología, porque el resto de los observatorios (relatores, comisiones) que nos han querido ‘enganchar’ han sido para jodernos. Me disculpo si, antes, les parecí insensible, pero algunas palabritas me rompen las pelotas.

*Editor de La Mala Palabra.

 

 

 

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