Con la Historia no se juega. Respetemos a nuestros héroes. #TenemosMemoria #Cuba

Por Félix Edmundo Díaz @feddefe*

Este es uno de esos días en que me levanto y, tras las primeras noticias matutinas, me reviento de los deseos de bronquear contra lo que, a mi juicio, está mal hecho; entonces comienzo a rumiar las ideas que se agolpan en mi mente y a ejercitar el arte de darles un orden en la cola de las descargas.

Un detalle: a veces, encontrándome enfrascado en alguna actividad, escucho alguna idea o noticia que me golpea, pero la imperiosidad de concluir sin interrupciones me impide inmediatamente reaccionar, de ahí que la idea o noticia escuchada permanezca ‘latente’ y lacerante hasta que encuentre el espacio para responder.

Hoy abordaré una idea, de esas que me estrujan el alma, referida a una tesis sobre una de las causas de la muerte de José Martí, formulada, durante la pasada Mesa Redonda, por un historiador y especialista en temas relacionados con la vida y el quehacer revolucionario del más grande de todos los cubanos.

Al respecto, el especialista mencionó, casi de soslayo, la supuesta responsabilidad del Generalísimo Máximo Gómez en el funesto desenlace acaecido en Dos Ríos y, desgraciadamente, repito desgraciadamente, no apareció el sentido común ni del moderador, ni de ninguno de los presentes, para rebatir el infeliz supuesto.

No pretendo erigirme en especialista de temas Martianos, ni en un concienzudo erudito de la Historia, pero me asisto del derecho de disentir públicamente de una idea que, amén de irrespetuosa, falta a la verdad histórica y que, evidentemente, fue elaborada tras un ‘largo’ trabajo de mesa entre libros de Historia, apuntes, testimonios y de no sé cuantos (ni me interesan) documentos pueda haberse auxiliado el susodicho historiador.

Es fácil, o al menos lo fue para este ‘compañero’ si es que merece tal tratamiento, ‘explicar’ que, en lo sucedido hace 120 años en Dos Ríos, hubo responsabilidad de parte del cubano-dominicano Máximo Gómez, sin siquiera detenerse a pensar que el evento ocurrió durante un combate de una fuerza española numéricamente superior, que el Generalísimo había indicado enérgicamente a Martí que se quedara detrás para resguardarlo, siendo el Apóstol el que, separado del resto de la tropa, le ordenó al teniente Ángel de la Guardia marchar al frente, movimiento en el que fueron sorprendidos por una sección de la tropa española que se hallaba agazapada en la maleza y abrió fuego sobre los dos guerreros.

¿Nadie pudo explicarle a este estudioso, especialista, profesor o lo que sea que José Martí era imparable?

¿Este ‘compañero’ hizo algún estudio psicológico de la personalidad de Martí como para deducir que una escuadra entera de mambises hubiera logrado mantenerlo fuera del combate?

El que así piense no conoce, por mucho que haya estudiado, a Martí, el joven de la carta al apóstata Carlos de Castro y de Castro, el joven de los poemas ’10 de Octubre’ y ‘Abdala’, al fundador del Partido Revolucionario Cubano, al único que logró que dos aguerridos jefes militares como Gómez y Maceo retomaran las armas, mismas que habían empuñado cuando un imberbe José Julián calificado ya como “enemigo declarado de España” era sancionado a 6 años de presidio.

Pues ese mismo joven hizo que los gigantes Gómez y Maceo volvieran a ensillar sus caballos y él, Martí, no podía hacer menos.

Con la Historia no se juega. Respetemos a nuestros héroes.

*Editor de La Mala Palabra. feddefe1917.wordpress.com

 

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