Gracias Lucius. #Cuba

Por Félix Edmundo Díaz*

Hace 5 años, en Demarest, New Jersey,  dejaba de latir, en sus casi ochenta años, el corazón del Reverendo Lucius Walker Jr., un verdadero amigo de Cuba, mi pueblo y sus líderes.

¿Cuánto amor por el prójimo puede abarcar el corazón de un simple mortal, cuando este es capaz de arriesgar su propia vida por traer un poco de ayuda al necesitado?

¿Cuántos son los riesgos a los que debe sobreponerse ese simple mortal para, sin siquiera desearlo o proponérselo, traspasar las puertas de la inmortalidad?

¿Cuánto debe creer un simple mortal en Dios y en el Hombre, para en nombre del primero morir por el segundo?

El Reverendo Walker era un devoto de Dios, pero también lo era de los necesitados, de ahí que su prédica fuera dirigida al evangelio social, esa que lo llevó a recibir un bala de la Contra nicaragüense abastecida por el gobierno de Estados Unidos (que hoy lo hace con el Ejército Islámico), esa que lo llevó a acusar de asesinato a Ronald Reagan (el mismo imbécil de los western, que llegó a ser Mr. President).

El amigo de Cuba Lucius Walker, desde 1992 (peor momento del Período Especial) hasta su muerte, impulsó 21 Caravanas de Amistad para traer a Cuba asistencia humanitaria y medicinas en camiones escolares amarillos, sin pedir autorización ni licencia a las autoridades. El objetivo de tal iniciativa fue romper el cerco estadounidense contra la nación antillana, el cual consideró de inmoral.

Las imágenes de sus encontronazos con la guardia fronteriza (por su ocupación en la frontera y, quizá, por sus límites intelectuales), de su constante sonrisa, la de la humildad, la sencillez y la firmeza, su inquebrantable solidaridad, que no misericordia, para con los desposeídos son las primeras que vienen a nuestra mente al escuchar su nombre o el de Pastores por la Paz.

Lo que Mr. President trata de hacer hoy (por supuesto que por motivaciones diferentes),  lo inició Lucius, hace 23 años, sin pedirle permiso a nadie y solo por amor, he ahí su grandeza.

Lucius Walker Jr. creyó en Dios y, en contra del deseo banal de ir al Cielo, descansa por voluntad propia en suelo cubano.

Gracias Lucius por tu amor.

Gracias Lucius por su solidaridad.

Gracias Lucius por tu ejemplo.

Descansa en paz padre, nosotros vigilaremos y defenderemos tu obra y tus sueños.

*Editor del blog La Mala Palabra.    

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