El Cardenal Jaime Ortega Alamino y su famosa entrevista con Amaury Pérez

Por Conte Nieves*

Compareció recientemente ante las cámaras de la televisión cubana el cardenal Jaime Ortega Alamino, en el programa con “2 que se quieran 2”, conducido por el canta-autor Amaury Pérez Vidal. Con anterioridad, en otro momento, Pérez Vidal había entrevistado al ya fallecido obispo Carlos Manuel de Céspedes.

Como nota al margen de lo que expresaré, les brindo un dato. En los seminarios católicos se cursa la asignatura Oratoria, que posibilita el desarrollo de habilidades comunicativas: de ahí que el verbo de los mensajeros de Dios tiende a ser elocuente y atractivo.

Sin embargo, la oratoria nada tiene que ver con el cantinfleo, estilo en el que se dice mucho sin expresar nada. He observado que algunos obispos y sacerdotes, en ocasiones, practican el estilo de Cantinflas al conversar.

Hubo momentos en el intercambio televisivo con el cardenal Ortega, en los que aprecié el mencionado cantinfleo; dice y no dice.

La percepción que tuve al visualizar la grabación del programa fue que el Cardenal se cuidó de no “quemar las naves”. Tiene que quedar bien con los sacerdotes, seminaristas, monjitas y feligreses; y por otro lado con la audición no cristiana. En realidad es una posición incómoda, en lo tocante al tema Cuba; que de paso tiene determinado impacto fuera de la Isla, en particular en Miami donde la ultraderecha contrarrevolucionaria se revuelve en su vetusta esquizofrenia política. Estos últimos, acostumbrados a arremeter contra todo lo que les pueda parecer acercamiento a la Revolución Cubana, aunque en la práctica no sea exactamente así. De todas formas al final, creo que hay que tratar de entender al Cardenal, porque la jerarquía católica en Cuba a diferencia de otras iglesias cubanas, creó a través de décadas, un rebaño para el cual el discurso socialmente positivo con respecto al socialismo cubano, pudiera no resultarle atractivo. Construyeron a lo largo de estas décadas ese condicionamiento y ahora tienen que bregar con el mismo. En este sentido mis amistades religiosas me dicen, que dentro de la Iglesia católica cubana, un sacerdote no puede ser revolucionario, porque la jerarquía no lo ve con buenos ojos. ¿Será verdad?

Según el Cardenal, Cuba está cambiando; a lo que agrego, que al parecer la Iglesia Católica Nacional también. Son aspectos positivos, esto es formidable. Como también lo es, que la relación Iglesia Católica Nacional – Estado Cubano, cada día sea de mayor entendimiento.

Me agradaría con ese espíritu de entendimiento; que las palabras y los análisis del Cardenal fueran de compromiso con la grey religiosa y no religiosa y trascendieran de las creencias abstractas y tuvieran concreción en la transformación de la sociedad, más allá de las palabras.

Ortega Alamino dijo que, en el momento de su nombramiento como Cardenal, los miembros de la delegación de religiosos que lo acompañaron manifestaron: “Cuba tiene Cardenal”. Eso mismo quiero decir yo, aunque no sea religioso católico: “Tengo un Cardenal”. Pero todavía no satisface Ortega Alamino mis expectativas.

Todo lo contrario me ocurre con su amigo el católico, revolucionario, diputado e historiador de La Habana, Eusebio Leal Spengler. En Eusebio hay compromiso, transformación, su acto de fe es contribuir a modificar material y espiritualmente la sociedad. Cuanta consecuencia entre su decir majestuoso y el quehacer diario. Es un martiano legítimo, al seguir ese pensamiento del Apóstol y Héroe Nacional José Martí: “Hacer es la mejor manera de decir”.

Hablando del hacer, hay que señalar, que algunas iglesias protestantes, a lo largo de décadas han defendido a la Revolución Cubana en la palestra internacional y nunca dejaron de ser religiosos. Hubiera sido extraordinariamente beneficioso para la Isla que la Iglesia Católica cubana hubiera estado en estos años al lado de algunas iglesias protestantes en la batalla por el esclarecimiento de nuestra verdad. Pero nunca es tarde. Al parecer hay un despertar católico desde hace algunos años. Despertar un poco pálido; pero es un despertar. Nos hubiera encantado escuchar un breve comentario del Cardenal sobre la historia de la Iglesia en Cuba y sus transformaciones.

Resultaría formidable, que los obispos de la Iglesia Católica Nacional, sacerdotes, seminaristas y feligreses, tuvieran como modelo para el desarrollo de su fe al Historiador de La Habana, así como que tomaran en cuenta y recordaran la actitud del miembro del Ejército Rebelde comandante Padre Sardiñas. Menciono estos dos ejemplos por ser figuras más cercanas en el tiempo. En ambos, fe y compromiso con la sociedad van juntas.

De modo breve quiero comentar, sin detenerme en detalles, que hubo momentos donde miembros de la Iglesia católica tuvieron actitudes contrarrevolucionarias. En contraste,  no conozco se haya cerrado en la Isla una Iglesia católica, por parte del gobierno cubano. Tampoco ha habido secuestros, torturas o asesinatos de obispos, sacerdotes o monjitas. Esas son realidades de otros lugares. Y si hubo un sacerdote sancionado, como lo fue el Padre Loredo, se debió al hecho de haber escondido al asesino de dos trabajadores de Cubana de Aviación que hoy forman parte del martirologio de la Patria, cuando intentó secuestrar una nave aérea. Resulta curioso que el Padre Loredo después de salir de la prisión, fue profesor de Moral del Seminario Católico de La Habana. Que interesante, ¿verdad?

Volvamos al programa televisivo. El cardenal Ortega tuvo la intencionalidad de mostrarnos una Iglesia católica mediadora, cuando habló de las gestiones realizadas para dar respuesta a solicitudes de otros gobiernos en cuanto a poner en libertad a algunos presos contrarrevolucionarios. Veo con satisfacción esas mediaciones; que incluso tienen otros antecedentes a lo largo de estos años. Es saludable hacer la salvedad, de acuerdo a los datos con los que cuento, que no es la Iglesia católica la única entidad religiosa que ha servido de mediadora en determinadas situaciones. Hay que recordar el papel de la reverenda norteamericana Joan Campbell en la liberación de Elián; por cierto, tengo entendido que estuvo de visita en la Isla en estos días. Expreso esto, porque no debe quedarse la visión que es la Iglesia católica nacional la que sólo ha estado envuelta en estas gestiones. La acción mediadora también la han asumido otras denominaciones religiosas. Debió comentar este elemento. E incluso subrayar la buena voluntad del “régimen de los Castros” en acceder a las peticiones. Ahora mismo acaban de indultar a 3, 522 sancionados. Surge una obligada interrogación: ¿En la Isla se es o no se es receptivo?

En este sentido, a veces la jerarquía de la Iglesia católica nacional se me parece a los dirigentes de la administración norteamericana. Siempre hay inconformidad y aparecen razones y más razones.

Cuando el Cardenal hizo alusión a las llamadas “Damas de Blanco”, dijo que la mayoría se habían marchado con sus esposos, expresos contrarrevolucionarios. ¿Y entonces esas que siguen llamándose “Damas de Blanco” y acudiendo a la Iglesia de Santa Rita, quiénes son si las “Damas…” se fueron? Tengo entendido que el fenómeno de la contrarrevolución es muy manipulado en Cuba por funcionarios de la que era Sección de Intereses de Estados Unidos de Norteamérica en La Habana. ¿Puede la Iglesia católica contribuir a que las neodamas de blanco (debieron cambiarse el color para ser más originales y creativas) cesen sus acciones, si ya los sancionados se retiraron del país?

Otra interrogante es: ¿Por qué esos elementos contrarrevolucionarios por lo general buscan amparo en iglesias católicas? ¿Qué las hace atractivas? Acaso recordarán los contrarrevolucionarios y contrarrevolucionarias, las homilías contrarias a la Revolución Cubana pronunciadas por el sacerdote Boza Masvidal.

La mención del Cardenal sobre estas mujeres (Damas de Blanco), fue para destacar la participación mediadora de la Iglesia católica, pero no aportó elementos de juicios sobre las “damitas”; y ahí es donde se manifiesta el cantinfleo. Mucha sonrisa, buenos ademanes y ausencia de elementos valorativos.

Otro de los temas tratados por el Cardenal Ortega Alamino, fue el de la religiosidad católica del pueblo cubano. El mensaje es que los cubanos son católicos. Sociológicamente esto no es real. Antes del triunfo fe la Revolución había creencia religiosa de varios tipos. Con el triunfo revolucionario aparece un nuevo fenómeno y es que hubo generaciones de cubanos que no se formaron en la fe cristiana; esto último es imposible negarlo como fenómeno cultural. Un día la Iglesia católica cubana valoró que el marxismo era una ideología ajena, extraña a la vida de la población cubana. Eso me lo dijo un jerarca de la Iglesia en una visita que hizo a Europa. La pregunta es: ¿De qué estamos hablando? Que yo sepa, ajena fue para los aborígenes la religión católica cuando los españoles se la impusieron en la época de la colonización. En la Isla hubo un proceso revolucionario que tomó una orientación marxista-leninista. Recuerden que a Playa Girón para enfrentar las hordas mercenarias, donde vinieron dos sacerdotes católicos, los combatientes fueron en ese momento, defendiendo el carácter socialista de la Revolución Cubana. No hubo imposiciones.

La Revolución Cubana nunca enfrentó la fe cristiana a las ideas políticas. Esa fue una campaña que en la década de los sesenta se instrumentó contra la Revolución y la dirección política de la Isla sabiamente, no dejó que ese juego se posicionara.

El análisis Cardenal es, que los cubanos de allá y los que estamos fuera del país, somos de diferentes cultos sincréticos, protestantes, católicos, de organizaciones religiosas fraternales, de instituciones apocalípticas y de otras. Se aboga por el ecumenismo religioso. ¿Y en ese concepto de ser católico los cubanos, dónde quedan los que no profesan ninguna religión y por más de cinco décadas, incorporaron una concepción del mundo que no es religiosa? ¿Qué espacio ocupan en el pensamiento del Cardenal los martianos – marxistas – leninistas que se resumen en fidelismo o los simplemente marxistas o los que son patriotas, o los que no son ni una ni otra cosa? ¿Dónde queda en su análisis la cultura cubana revolucionaria y socialista de estas décadas? ¿La misión del evangelio es la de unir o separar? Hoy muchos de los de afuera y los de dentro de la Isla, abogamos por la unidad. Eso hace a la Nación fuerte. Asumo que su comentario no obedece a la intención de situar en el centro de las religiones en la Isla la Iglesia Católica. Ello iría en contra del ecumenismo entre las iglesias y caería en el sectarismo de no tomar en cuenta a los otros.

Que la gente diga: “Gracias Dios mío” o “Gracias a Dios”, no necesariamente habla de presencia de una religiosidad en la persona. Ud. sabe mejor que yo que es la religiosidad. Es real que en la Isla han surgido como resultado del Período Especial, una tendencia en algunas personas a asociarse a las religiones; y ello debe respetarse, porque es satisfacción espiritual de las mismas (fundamentalmente aquellos que se suman a las iglesias por religiosidad verdadera y no por aceite y medicinas). También hay personas que por cliché dicen esas frases; y están los que realmente se invocan a Dios, creen en él y se comunican con el Señor.

En este orden de ideas, no debe desconocerse el condicionamiento de la cultura revolucionaria y socialista que se comenzó a desarrollar desde la década de los sesenta hasta la fecha. Nos hubiera gustado que usted, una persona inteligente y miembro de la Curia Romana, nos aportara una visión sociológica integral y objetiva de la realidad cultural revolucionaria cubana (incluyendo la religión). Es probable que en alguna de las posibles intervenciones suyas durante la visita del Papa Francisco a la Isla, tome en cuenta estos comentarios y sus palabras vayan encaminadas a fortalecer dicha cultura.

Todo lo anterior no niega el respeto mío hacia la figura del Cardenal Ortega Alamino; en su condición de representante de los católicos y católicas de Cuba.

Cardenal Ortega, Ud. no debe subestimar a la población cubana. En Cuba se sobran los analistas en parques, casas y oficinas. Quien menos uno se imagina proyecta ideas profundas y objetivas sobre la sociedad y tiene información y un punto de vista propio.

La Revolución Cubana ha sido fuerte por la unidad interna en el contexto de la heterogeneidad social. La Iglesia católica cubana debe formar parte de esa unidad. Asumiendo que dicha institución quiere el bien del país como parte de la misión dada por Dios.

He visto a través de los años, una Iglesia Católica Cubana generalmente metida en sus claustros, mientras la sociedad cubana ha estado en desarrollo y transformación. Hubiera sido formidable ver a la jerarquía católica, sacerdotes y seminaristas, participando más allá de las semanas de trabajo productivo en el campo al que acudían los seminaristas; participando en la construcción de la obra imperfecta que en estos años en Cuba se ha construido. Mientras en varios países de la América Latina se desarrollaba la Teología de la Liberación o el Movimiento Cristianos por el Socialismo, en la que obispos y sacerdotes de esos países se comprometían con su población. Asociados a esas tendencias o corrientes están como máximos exponentes Camilo Torres y el jesuita Espinal.

En ese período y posteriormente, ¿por dónde andaba la Iglesia Católica Cubana? Pero, nunca es tarde y hay mucho por andar y construir. Tienen todas las oportunidades. De este último comentario, hago la salvedad de excluir del mismo a las monjitas y a los miembros de la Orden Hijos de la Caridad en su condición de sacerdotes obreros. Las monjitas por su extraordinario ejemplo de entrega diaria junto a enfermos y otras labores; los sacerdotes obreros, porque su profesión de fe los hace estar al lado de los trabajadores diariamente en las fábricas, teniendo junto a la fe otra óptica de la vida.

Veo con agrado que la jerarquía de la Iglesia católica cubana se haya ido modificando. Eso va acorde con los tiempos.

Hoy la Iglesia católica cubana está ante un Papa que no tiene sus mismos códigos y enfoques, en lo tocante a las temáticas sociales y políticas. El Cardenal y la jerarquía católica cubana deben darse cuenta, que tienen mucho que aprender de su santidad el Papa Francisco, a quien pretendemos dedicar algunos párrafos.

*Colaborador de La Mala Palabra

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