Dolor ajeno.

Por Félix Edmundo Díaz*

Mi amigo Pepe siempre me “pelea” por los títulos de estas líneas y, aunque muchas veces le asiste razón, no voy a detenerme en un “ejercicio” que solo busca atrapar al lector y aquí van algunas ideas sobre lo “último que trajo el gato”…

En la fría mañana de este lunes, aún frescas las tintas de los principales rotativos cubanos, mismos en los que se escribió: Yulieski Gurriel fue el único cubano incluido en el Todos Estrellas, conocimos la noticia del “abandono” por parte de este y su hermano Lourdes Yunielkis (el chico tiene gracia natural para llevar dos nombres de hembra) de la delegación cubana asistente a la Serie del Caribe, vaya, que la mala nueva surtió el afecto de un cubo gigante de agua fría sobre millones de cubanos para que, dicho en palabras de Mario Kuchilán Sol, “nuestro invierno adulterado, como todo lo que nos viene del Norte”, nos calara hasta los huesos, cual si la alta humedad del subtrópico no fuera ya suficiente.

Su acción ha ocasionado mucho dolor al pueblo cubano, el mismo pueblo que lo apoyó cuando, en una jerigonza que nadie ha sabido explicar, no asistió a honrar su compromiso con el equipo japonés que lo había contratado, el mismo pueblo que lo siguió desde Sancti Spíritus a La Habana, cuando se pasó de los Gallos a los Leones, para poder cuidar a su “papá enfermo del corazón”, pero perfectamente habilitado para acompañar al nené (nene) en su gira asiática, el mismo pueblo que, a pesar de sus frecuentes batazos para doble play, “perfectos matadores de rally”, continuaba esperanzado que el Yuli (¡ay! Julita) produjera ‘algo’… bueno, como para que nadie se queje, el mari…… del Yuli y su tan pend… hermano (para que no se ponga celoso) acaban de producirle un gran dolor al pueblo de Cuba, a los amantes del beisbol, a los jóvenes, a los adolescentes y a los niños que los seguían.

¿Deseaban jugar beisbol en la liga profesional? Bueno, el menor de los Gurriel no lo había contratado nadie, así que debe haberse pegado como una lapa al hermano “pa’ coger cajita” a costas de este; en fin, los chicos sucumbieron ante el poder de Don Dinero, solo para convencernos de que no se necesitan minifaldas para ser prostitutas, que Dios las proteja, porque al menos estas no se esconden como ratas ni ocultan su condición.

Me resisto a permitir que la degradación de estos tipos me haga daño y por ello dedico mis pensamientos a aquellos, a los que pusieron en sus manos cheques en blanco, para que por sí mismos adicionaran los ceros y prefirieron rechazar las millonarias ofertas para morir como habían vivido, en la humildad y con el amor de su pueblo.

Por ello si les dijera que me dolió la acción de estos tipejos, les estaría mintiendo, ya que desde hace algún tiempo “ando con una pala imaginaria a cuestas” para “enterrar” ipso facto a cualquier desmadrado y que el hedor se lo meta su madre.

No obstante, me duele el dolor de aquellos que, durante años, madrugaron para asegurarle la leche y el pan a estos putos, me duele el dolor de los que se desgastaron para enseñarles letras y los números o velar por su salud, me duele por los que velaron por la tranquilidad de sus sueños, aún sin ellos saberlo, es ese el dolor ajeno que siento.

*Editor de La Mala Palabra.

 

 

3 thoughts on “Dolor ajeno.

  1. Gracias compañero por tu reflexion, es un placer leerte como casi siempre.
    Tus palabras dicen mas que muchos grandes discursos… y nos aydan a seguir peleando por la revolución allí y aquí.
    Sin tu permiso como otras veces copio y te difundo
    saludos fraternales

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