“Manolín ¿médico, salsero o aneuronal…?” #Cuba #Miami

 Por Félix Edmundo Díaz*

Recién acabo de leer la carta que Manolín el Médico de la Salsa le escribiera a Silvio Rodríguez Domínguez y, antes de “regalarle”, a nombre de SRD y sin consultarle, algunas ideas a Manolín, me obligo a contarles a los más jóvenes quién es el remitente, puesto que al destinatario lo conocen, siguen, aplauden y quieren  millones de personas de todas las generaciones en el mundo entero.

¿Quién es Manolín el Médico de la Salsa?

Cantante y compositor cubano, nacido en Guantánamo, el 18/03/1965, de 51 años de edad, graduado a finales de los 80s del pasado siglo de la Escuela de Medicina “Girón”, el que  rápidamente decidió dedicarse a la música.

Sobre esta decisión Manolín expresó: «En verdad yo no estaba en los planes de la salsa, no me calcularon. Pero en el arte nadie sabe nunca lo que un hombre lleva dentro de su corazón y de su mente. Tampoco es fácil saber lo que la gente espera de uno […]. Yo me dediqué a estudiar el panorama cultural bailable de mi país. Siempre he sido un estudioso concienzudo de la música cubana, que admiro apasionadamente, porque sé el valor que tiene.

Analicé todo lo que había y lo que faltaba […]. Recibí estímulo, apoyo, orientación, pero lo mío fue un asunto muy personal. Por eso no quise integrar ningún grupo: quería embarcarme en mi propia empresa…” (Tomado de http://ecured/El Médico de la Salsa)

Estas ideas de sí mismo solo se pueden traducir como que Manolín es una persona extremadamente sencilla, que se cree muy por encima de quienes le rodean y, en una “hemorragia” de humildad, trata de explicarnos su superioridad…

Muestra de lo anterior fueron sus líneas a SRD, a quien, en franca manipulación a posibles lectores, le reconoce su grandeza al tiempo que le cuestiona por haber tomado partido y pedido por la liberación de la boricua  Ana Belén Montes, a la par de censurarle otras conductas  como cuando  escribe: “Tú mismo firmaste una carta, consintiendo el fusilamiento de 3 humildes jóvenes del pueblo cubano, por tan solo intentar robarse una lancha. Los mataron en 48 horas, sin piedad, y tú diste tu aprobación.”

Vayamos por partes:

  1. El reconocimiento de Manolín por la grandeza de SRD es un giro conveniente, pues la inmensidad del último en sus letras, su música y compromiso no tiene referente en el mundo.
  1. Si Manolín, lejos de repetir el estribillo de odio del gobierno norteamericano, supiera de verdad quién es Ana Belén Montes, enmudecería (de hecho nunca tuvo buena voz) ante el coraje y el desinterés, el amor y la entrega de esta mujer por la justa causa del pueblo cubano.
  2. ¿Qué diría Manolín si fuera encerrado en una celda, en solitario, de un reclusorio para enfermos mentales? ¿Diría que su vida no corre peligro? Lo menos que le sucedería es que terminaría trastornado mentalmente y no digo hablando mierda, porque eso no ha dejado de hacerlo y está en libertad, y todavía conserva su dentadura…
  1. Miente Manolín al hablar de la aprobación de SRD para el fusilamiento de 3 humildes jóvenes, demostrando su aberrante ignorancia sobre las leyes cubanas. Es cierto que SRD, en el momento de la fatídica tentativa de secuestro de la embarcación con civiles a bordo, incluidos niños, era diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, pero este órgano solo tiene que ver con la promulgación de las leyes, ya que la aplicación es del poder ejecutivo y, en Cuba, la ley estipula que la ratificación de la sanción de pena de muerte es potestad exclusiva del Consejo de Estado. ¿Qué papel, en la enfermiza mente de Manolín, puede haber jugado SRD en el caso?

 

  1. Es cierto lo que dice Manolín sobre las diferentes formas de pensar en las familias, de hecho, siendo yo joven, escuché de mi padre: solo los amigos y la mujer se escogen, la familia es la que te toca; y esta es una sentencia a la que nadie escapa, pues siempre hay una oveja negra en cada familia… y Manolín es el botón de muestra de su familia suya de él.

 

  1. Manolín, al salir de Cuba y radicarse en EE.UU., tenía que “pasar el Niágara en bicicleta” para revalidar el título, y hoy no puede acogerse al Parole, pues tendría que abandonar una, imposible para él, misión internacionalista para clasificar entre los elegidos; no obstante, en un burdo intento de mofarse, ironiza por la supuesta presbicia de SDR, sin detenerse a diagnosticar la ceguera propia.

 

Si Manolín piensa que en Cuba vivimos 11 millones de prisioneros, le aclaro que por suerte no estamos clonados y la inmensa mayoría es Fidelista y Guevarista por convicción, pues lo que está en nuestro ADN es la rebeldía, de ahí que le sugiero humildemente que seleccione mejor sus palabras y destinatarios, no vaya a ser que, un día cualquiera, alguien le reconozca físicamente y termine Manolín, alimentándose con pajillas (absorbentes) en la cola de los implantes dentales…

En resumen, estoy seguro que SRD, si tuviera la oportunidad, me regañaría por haberle dedicado una respuesta a Manolín, pero, aunque soy un firme seguidor de la máxima: Nunca discutas con un imbécil, podrían no notar la diferencia…, eventualmente, aparece un Manolín, que no es médico y solo usa “la salsa” para evitar los chirridos de las genuflexiones propias, que por aneuronal, adendrítico e imbécil orina por rebosamiento y merece una ligera réplica como esta.

21 de abril de 2016

*Editor de La Mala Palabra.

 

 

 

 

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