El dolor no se apaga. #HastaSiempreComandante #Cuba

 Fidel Castro. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Por Félix Edmundo Díaz @feddefe*

El dolor no se apaga y ello solo sucede cuando muy profundamente se ha sembrado el amor, y no hablo del sentimiento de los de mi generación, de esos críos que, después de “mamá” y “papá”, aprendimos primero tu nombre que los propios.

Hablo por la generación que vino después, la de nuestros hijos, esos que hoy lloran desconsoladamente y de quienes nos escondemos para que no nos vean llorar, porque una causa mayor nos exime de estar encerrados entre las cuatro paredes de la casa, que se nos antoja caerá sobre nuestras cabezas.

En mi mente, hago y rehago líneas de palabras con las que explicarles, cuando los tenga delante, porqué no pude evitar lo inevitable, o nuestra responsabilidad, la de mi generación, por no haberte cuidado más, o por no haber seguido todos, ‘a rajatabla’, tus consejos y les pediré que sean más aplicados, más disciplinados y más revolucionarios; confiaré en que se estudien palabra a palabra tu concepto de Revolución, esa obra maestra que nos regalaste el 1ro de mayo del 2000 y de la que algunos solo repiten las ideas que les convienen.

Cuando repaso tu vida, comprendo la grandeza de soportar el dolor de las generaciones que te antecedieron, de la tuya y de las que vinieron después, de soportar el dolor ajeno sin importar el color de la piel, el sexo, la edad o el lenguaje, porque te doliste por todos los pobres, los enfermos y los analfabetos, y ese es mucho dolor; no pienso llegar a los 90 años, mis genes y el cigarro no son ingredientes adecuados para tanta vida, solo te prometo que lucharé por preservar tu legado hasta el último aliento.

El dolor no se apaga ni repartido entre los cientos o miles de millones de seres para los que fuiste un padre, un guía o una inspiración, pero que nadie se equivoque, porque la impotencia por no evitar lo inevitable puede, en una fracción de segundo, trastocarse en la fiereza con que responderemos a los enemigos de la Revolución; si alguno, en la seguridad que le pueden ofrecer, mar de por medio, algunas millas de distancia, osa lanzar un agravio, puede tener por seguro que, algún día, recibirá su respuesta, pero a los ‘mercenarios de casa’ les sugiero, ante la ausencia de cordura, tranquilidad como remedio para evadir la ira de un pueblo hondamente lastimado, pero entrañablemente fiel a su líder.

Hoy invitaré a mi familia a pararme en una esquina con el único fin de disfrutar por ti de aquello que, por tus responsabilidades, no te fue dable hacer y que, en la confianza, le confesarás al Gabo; tú estarás con nosotros, solo no te puedo prometer no llorar…

Un beso papá.

26 de noviembre de 2016.

*Editor de La Mala Palabra.

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