El show del estiércol.

 

Por Félix Edmundo Díaz @feddefe*

Anoche hice un esfuerzo y soporté la hora y 20 minutos del discurso de Trump a la nación, tras su primer año de mandato, cuya esencia fue la declaración patriotera y gastada  de: nosotros (ellos) somos los campeones; confieso que siempre he preferido el We Are the Champions de Freddie Mercury, acompañada de WeWill Rock You de Brian May, que tienen más seguidores que los que jamás tendrá este Donald.

Si Dios existiera (soy ateo) creo que no debería haberse equivocado tantas veces, ya fue bastante con Sodoma, Gomorra, Hitler, Hiroshima, Nagasaki, el SIDA, el Ébola, el Zika, Al Qaeda y el Estado Islámico, y como si no fuera suficiente nos despacha para La Tierra a Trump y ahora sus científicos comienzan a fabricar moscas y mosquitos portadores de enfermedades incurables… si los más de 7 mil millones de  seres de este planeta nos merecemos tamaño castigo, espero que a este Donald (excluyo al pato de Disney muy querido por los niños) le tenga reservado un suplicio XXL.

Bueno, volviendo a la noche de ayer,  me concentré en el payaso, mientras este repetía su matraca de Cuba y Venezuela, de no cerrar la prisión en Guantánamo, del muro en la frontera con México, se autoproclamaba vencedor sobre el Daesh (los sirios y los rusos  al parecer no hicieron nada), en frases acompañadas por los compases afeminados del movimiento de sus hombros, de su mano derecha (pequeña como de mujer) exhibiendo una ojiva en la unión de sus dedos índice y pulgar con los tres restantes al aire, y su pomposo peinado con una ‘raya’ que empieza en la frente y termina en el cuello del traje, todo en su conjunto extremadamente feminoide para alguien, al propio tiempo, catalogado como un empedernido misógino,  aunque perfectamente pudiera ser definido como misántropo, ya que para él la plebe solo debe servir con humildad o no existir.

Asimismo mencionó a los familiares del joven ‘inocente’ norteamericano que guardó prisión en Corea del Norte y falleció tras regresar a Estados unidos, allí, en el Congreso, estaban los padres junto a sus otros dos hijos llorando (hembra y varón a los que por ¿error? las cámaras nunca ‘enfocaron’), también el joven norcoreano que, atropellado por un tren,  perdió una pierna y después alcanzó a huir hasta Seúl usando unas muletas, algo que no logró el padre, aunque tenía sus dos piernas… todo un show mediático aplaudido por la bancada republicana del Congreso y algún que otro demócrata que por error geográfico es de origen cubano, el resto hizo mutis y permaneció sentado, mientras que los seguidores del payaso hacían cuclillas en el Congreso.

Más o menos esto fue lo que yo vi y no digo entendí porque la mierda es mierda y no necesita de neuronas para entenderla, salvo las muestras que llevamos en frascos pequeños para los análisis médicos en los laboratorios, hablando de lo cual, calculo que se necesitaría la producción de un año de botellas de Coca-Cola para envasar la mierda hablada y reunida ayer en el show del Congreso.

 *Editor de La Mala Palabra.

31 de enero de 2018.

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