No hablaré del humor… #SomosContinuidad

Por Félix Edmundo Díaz* @feddefe1917

Desde hace varios días he observado la alharaca levantada en las redes por las publicaciones de los amigos Juan Miguel Cruz Suárez y Javier López Fernández, incluido el comentario realizado a las líneas del último por, mi también amigo, Telemaco Odisea.

Y, ante el apremio de la amiga común Lisbet Mendoza, decidí releerme todos los artículos y sus comentarios, por lo que he de reconocer mi plena coincidencia con lo expuesto por los mencionados, incluida la mención de Cruz Suárez sobre los innecesarios ataques frontales a su persona, la que me consta no se esconde detrás de un teclado, de ahí que demos por descontado lo del valor personal en alguien al que le sobra cubanía y «ombligo».

Todos sabemos qué fue lo que originó este debate y no usaré ni un milímetro de espacio para reproducir tal ofensa.

¿Ofensa es un término fuerte?

¿Qué haría cualquier mortal (nacido en esta Isla) si un cabrón trucara una foto y pusiera el rostro de su santa madre en el cuerpo desnudo de una joven en posición erótica, o lo hiciera con el rostro de su hija?

¿Le causaría risa?

¿Podría evitar la saturación de Zapia pasando esas imágenes de un móvil a otro?

¿Podría evitar la burla expuesta o escondida de algunos malintencionados?

Ante un evento de esa índole solo le quedaría pronunciarse públicamente, denunciar el post a los administradores de FB y tratar de bloquear, o sea haría lo imposible para reparar daños.

¿Por qué no hicieron nada esta vez?

¿Porque no eran las fotos con las imágenes de sus mamás o sus hijas?

¿Porque eran las imágenes de sus rostros (de ellos saben quiénes) en cuerpos que les quedaban extremadamente inmensos por haber entregado sus vidas para que hoy todos estuviéramos, incluídos los «usados», aquí?

¿No pensaron que los cuerpos de esa imagen tienen rostros verdaderos reconocidos y queridos por la inmensa mayoría de los cubanos?

¿No se detuvieron un segundo a imaginar, como propios, el daño a los familiares, hermanos, hijos y nietos de esos gigantes?

¿Por qué el silencio?

Es cierto que hacer humor es difícil, aún cuando el cubano se ríe de sus propios problemas, pero estamos obligados a discernir entre lo que está bien y lo que está mal.

Eso es lo que nos separa del enfermo mental y guardar silencio cómplice, no asumir una posición clara y «dejar correr» está mal.

*Editor de La Mala Palabra.

Un comentario en “No hablaré del humor… #SomosContinuidad

  1. De acuerdo contigo Edmundo. Todos. Esperábamos una condena de los humoristas en el mismo momento en que apareció en la red. Pero no. Seguro rieron, para ellos, de una gracia. Para nosotros una falta de respeto. Y como no lo denunciaron, para mí es como si ellos mismos lo hubiesen puesto.

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