El silencio de los corderos. #Cuba #EEUU #Miami

 

Por Félix Edmundo Díaz @feddefe*

Muchos recordarán el excelente thriller protagonizado por Jodie Foster, Anthony Hopkins y Scott Glenn, pero mi intención no es hablar del filme, sino tomar su título para referirme al selecto grupo de ‘luchadores por la democracia, los derechos civiles y la libertad de expresión’ que, habiendo nacido en Cuba y tras un salario de Judas (a la tasa de cambio de nuestros días), viven de despotricar en contra de mi país que no es su país y, reptando hasta desangrarse, llegan a los pies de sus amos (govUSA) para en un sublime acto de libertad de expresión hacer criminal mutis ante los desmanes del sistema que les llena las panzas y los bolsillos.

Promovería la risa, sino fuera tan grotesco el discurso unidireccional de las yoanis, laritzas, berthas y tanias, junto a los rodiles, cocos, eliéceres y demás genuflexos, quienes, a pesar de sus múltiples espacios mediáticos (TV, radio, prensa y blogosfera), no los he escuchado opinar (ni que decir criticar o condenar) la desaparición de los 43 jornalistas de Ayotzinapa, los cada vez más frecuentes crímenes de odio de las fuerzas policiales de govUSA o de ‘fundamentalistas blancos’ que, en franca competencia con los ‘agentes del ¿orden?’, asesinan a norteamericanos negros (no digo afroamericanos o afrodescendientes porque ello es solo una sutil forma de segregación); tampoco hablan de la respuesta militar de la Vieja Europa ante la inmigración que es el resultado de la explotación y las guerras que desde Occidente se promueven en África, o del peligroso renacer de las ideas fascistas, o de los crímenes de Israel en la Franja de Gaza, o de asistir a los damnificados por los desastres naturales o por los nada naturales desastres del hambre, la miseria y las enfermedades que llevan matando a más personas que las fallecidas en las guerras.

¿Será que estos personajillos pueden vivir tan descaradamente aislados de las realidades de este mundo que se hace pedazos ante nuestros ojos?

Les haré una confesión: nací cuando este mundo se asomó al punto más álgido de la guerra fría (la Crisis de Octubre o de los misiles) y mi desayuno, almuerzo y comida, incluyendo los descansos y retozos propios de la edad, transcurrían escuchando la frase: ‘el mejor americano (léase norteamericano) es el americano muerto’

Por suerte de la vida (léase de mis padres, mis profesores, la Revolución) me cultivé y aprendí que aquella máxima no era cierta, de otro modo me hubiera perdido a Hemingway, a Twin, a Malcon X, a Martin Luther King, a Ángela Davis, a Lucius Walker, a Muhammad Alí y a millones de norteamericanos que no conozco, pero sé que son capaces de trabajar, amar y mostrar solidaridad para con los pobres de este mundo.

Ojalá y estos ‘corderos del silencio cómplice’, léase las yoanis, laritzas, berthas y tanias, junto a los rodiles, cocos, eliéceres y demás genuflexos, decidan algún día untarse de pueblo y redireccionar sus ataques, si ello no sucediera pueden contar con la reacción, siempre oportuna y directa, de los hombres y mujeres de este pueblo.

No importa que a esos los publiquen más (también los leen menos), siempre que nuestro mensaje llegue cada día a una nueva persona, por aquello que una vez leí de que Fidel, respondiéndole al genio de la Tecla ocurrente, le dijo: ‘Una persona es mucha gente…’, y agrego yo, aunque esos corderos callen…

*Editor de La Mala Palabra.

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