Ana Belén Montes tiene un lugar en la historia de la humanidad.

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Por Conte Nieves*

Me he preguntado si esta gringa de origen puertorriqueño pudo haber imaginado en alguna oportunidad que se ganaría el tener un espacio en la historia de la humanidad.

Ana se anticipó en el tiempo. Fue una enorme contribuyente para que se pudiera llegar a ese momento que fue el 17 de diciembre de 2014, cuando el General de Ejército Raúl Castro, presidente de la República de Cuba y el Señor Barack Hussein Obama II, presidente de Estados Unidos de Norteamérica comunicaron que se iniciaba  el proceso de re- establecimiento de relaciones entre ambos países.

Cuando Ana Belén Montes decidió en la década de los ochenta sumarse a la solidaridad con Cuba, lo hizo para acercar a los pueblos cubano y norteamericano. Es por eso que no puede encontrarse en ninguno de sus actos una acción agresiva hacia su país. No hubo daño a los Estados Unidos de Norteamérica. ¿Qué daño podía hacer la Isla a una nación poderosa e imperial, llena de recursos económicos y militares?

Si algo pudo hacer Ana fue contribuir a que se llegara a esa conclusión que hoy se menciona por parte del propio gobierno norteamericano: “Cuba no es un peligro para la Seguridad Nacional de los Estados Unidos”.

Cuando el presidente Obama y otros dirigentes de la administración norteamericana reconocen haberse equivocado en la forma de enfrentar a Cuba, pero cínicamente después agregan que los objetivos se mantienen: hacer desaparecer la Revolución Socialista; le dan la razón a Ana Belén Montes de haberse solidarizado con Cuba, porque ella, conocedora del sistema norteamericano desde adentro, conocedora del establishment, siempre estuvo convencida que el gobierno para el que trabajaba quería y quiere hacerle daño a la Isla.

Ana forma parte de la vanguardia del pensamiento progresista norteamericano del siglo XX. Abrazó las ideas de Martín Luther King Jr, Malcom X, los  Panteras Negras, la Coalición “Arco Iris” y otros, y teniendo esos pensamientos se mantuvo dentro del gobierno de USA.

Hoy ni la muestran como espía. Cosa que no es. Poco o nada se dice de ella. La quieren condenar al ostracismo. Ana es una revolucionaria de ideas avanzadas. Que tuvo el valor de no hacer públicas sus ideas, ponerlas al silencio y transformarse en una revolucionaria clandestina para conocer las esencias agresivas de las administraciones norteamericanas de turno. Está claro que así vemos las cosas nosotros. Los agresores no pueden identificarse con estas ideas, porque se delatarían.

Como “las ideas desde el fondo de una cueva pueden más que un ejército” (José Martí), en el mañana (más temprano que tarde), en las escuelas norteamericanas se hablará de una mujer que luchó activamente a costa del riesgo de su vida, por la libertad de los humildes; no sólo de Cuba. Ana quería y quiere que su país deje de ser hostil con otros países. Tendrán los niños y jóvenes norteamericanos que conocerla y para ese entonces, se habrá dejado de ver a Ana Belén Montes como la hacedora de daños inconmensurables a la patria. Se dirá que ella tuvo la grandeza y la fortaleza de oponerse a los desmanes de la política agresiva  de Estados Unidos de Norteamérica. Esa es la pura verdad. Ni mercenaria, ni espía. Hoy ante los ojos de nosotros esto podrá ser risible o quimérico. Alguien que la conocía dijo que su belleza no solo era física sino que por su inteligencia y pensamiento político era preciosa, formidable.

Tenemos que trabajar para que con el devenir de los años, se conozcan las razones de Ana; no solo en los Estados Unidos de Norteamérica, en todas las latitudes del orbe.

Su adhesión  a la defensa de Cuba. Su identificación con el pensamiento progresista latinoamericano. Su espíritu de sacrificio, mostrado en darlo todo por sus ideas, le da el derecho de haber entrado en la historia de la humanidad. Quiso Ana “con los pobres de la tierra su suerte echar” (José Martí). Eso tiene un precio. Lo está pagando. Pero es posible que sea más libre y plena que sus propios captores.

Nuestra admiración, respeto y cariño para Ana Belén Montes.

*Colaborador de La Mala Palabra.

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